13,99€

•12.06.2009 • 1 comentario

Personalmente, definiría al autor de este libro con una palabra: explícito. Frédéric Beigbeder recrea en 13, 99 €  de forma explícita el mundo de la publicidad y de la manera más real, violenta y aterradora nunca vista. Fantasías sexuales explícitamente descritas, devaneos con la coca explícitamente narrados, (inmorales) aficiones de sus compañeros de trabajo explícita y perfectamente reflejadas, violencia…todo acompañado de una visita turística a través del día a día de un creativo que escribió este libro para ser despedido. “Me llamo Octave. Soy publicista: eso es, contamino el universo”.

“En mi profesión, nadie desea vuestra felicidad, porque la gente feliz no consume. Todo es provisional y todo se compra. El hombre es un producto como cualquier otro, con fecha de caducidad”. Asegura que se pasa la vida contándonos mentiras, y que se lo pagan con creces (“vuestro sufrimiento estimula el comercio“). No obstante, esta obra maestra también nos da un paseo por el  back stage de la publicidad: las condiciones infrahumanas en las que se crían y alimentan los pollos y las vacas que más tarde comeremos, los componentes más que adictivos de los refrescos y los de las frutas y verduras que tenemos para cenar esta noche, las manipulaciones genéticas con el consiguiente aumento de tumores cerebrales, cáncer y sida. Además describe de forma sublime lo que los creativos denominan “programar la obsolescencia”, es decir fabricar productos que a corto plazo se rompan y puedan ser sustituídos por el último modelo que ha salido al mercado.

En sus reuniones con el cliente, Octave comienza a sangrar por la nariz (está en los cuatro gramos de coca diarios) y en el baño y con la sangre que emana descontrolada de sus fosas nasales, escribe en las paredes de la sede de la Rosse “cerdos”. Le gusta el sexo sin compromiso y las chicas de alterne hasta tal punto que abandona a su novia cuando le dice que está embarazada. Grita desesperado que le echen, y no lo consigue. “Soledad entre la multitud. Interroga constantemente a su teléfono pero éste le repite: no hay mensajes nuevos en su buzón de voz”.

Sin duda todo un aliciente para aquellos que deseen convertirse en publicistas. Para el resto, un chutazo de realidad. Y por sólo 13,99€.

NRM 18

•12.04.2009 • 1 comentario

Esta va de críticas. De críticas porque me da la gana usar el blog en el que escribo para manifestar “públicamente” (y lo pongo entre comillas refiriéndome a las visitas que tenemos últimamente) lo que opino acerca de la cultura de la diversión y el ocio nocturno en Madrid. Después, emitiré mi veredicto acerca de una película que me tenía intrigada desde que vi en un quiosco, en la portada de Vale, que en el interior de la revista te regalaban un póster desplegable de los actores de Mentiras y Gordas desnudos, al más puro estilo Playboy.

Tras una noche de tedioso aburrimiento en una zona de “marcha universitaria”, tomé la decisión de dejar de intentar divertirme, y me limité a observar. Primera observación: “tú no pasas porque no me gusta tu cara”. Eso fue lo primero que escuché cuando me disponía a hacer cola para entrar en una de las discotecas de la zona. Antes de explicarme, quiero aclarar que voy a abstenerme de escribir uno detrás de otro los descalificativos que siguen dando voces en mi cabeza. Bien, la frase que escuché procedía de uno de los gorilas que custiodiaban gloriosamente las puertas del citado garito, e iba dirigida a un cliente del local. Sí, un cliente. Porque cuando abonas una determinada cantidad de dinero por disfrutar de un determinado servicio en un determinado establecimiento, eres un cliente, ¿no? ¡Pues en una discoteca no! En una discoteca eres poco más que la última mierda del lugar, porque primero has de pasar por la criba que unos más que dotados “vigilantes de seguridad” hacen a cada chica, y sobretodo chico que quiere entrar.

Si después de esperar 45 minutos de cola llegas a la puerta y al que la custodia no le gusta tu cara, tus zapatillas o tu peinado, mala suerte chaval, “pero son las normas”. Segunda observación. Si tienes la suerte de pagar la entrada y disfrutar del garrafón (¿he dicho ya que es ilegal?) podrás deleitarte con los amagos de peleas que se producen cada X tiempo “porque me has empujado o te estás acercando a mi novia”. Pero no hay de qué preocuparse, porque los super vigilantes (de 1,90 x 1, 35, como las camas de matrimonio) también custodian el interior del local. Están al tanto de si algún chaval se les queda mirando más de un minuto seguido, y si es así, es el fin del pobre iluso.

Cuando has conseguido llegar reventada a tu autobús, te encuentras con un variopinto grupo de chicos que está esperando, al igual que tú, el transporte que va a llevarte a tu reconfortante cama en un espacio de tiempo relativamente corto. Se sientan de modo que forman un semicírculo mientras sueltan toda clase de improperios que ellos en su etílica ensoñación consideran piropos. Tercera observación: todos fuman dentro de la estación a pesar de estar prohibido, y es algo que me llamó mucho la atención ya que la salida al exterior se encontraba a unos pasos de nosotros, pero además, lo hacían al lado del vigilante (ya sin comillas) que se paseaba de un lado a otro. Creo que econtraban sumamente estimulante el hecho de infringir las normas de forma absurda, y que cuanto más cerca se encontrara el vigilante, la diversión aumentaba de forma directamente proporcional. Ya en el autobús comenzaron un disputa entre ellos en el que la frase estrella fue “me voy a follar a la gorda de tu madre y me voy a correr en el arroz que te vas a comer”. Creo que el volumen de mi Mp3 aquella noche alcanzó su máximo histórico. No obstante, seguiré adelante con mis investigaciones acerca del Homo sapiens del siglo XXI.

Pero pasemos al porno light para adolescentes, por favor. Mentiras y Gordas: genial adaptación a la gran pantalla de una serie de bajo presupuesto que podría emitirse en Antena 3. Después de descubrir que quizá cientos de adolescentes estén viendo colgado en estos momentos en su cuarto el póster desplegable de los protagonistas en pelotas, me metí en cine online y me dispuse a disfrutarla. La trama giraba en torno, básicamente, a los encuentros sexuales de y entre un grupo de amigos, y a sus salidas nocturnas. De las casi dos horas que dura la película, una hora y media están practicando sexo y la otra media esnifando coca, bebiendo y metiéndose toda clase de estupefacientes desde tempranas horas. El mensaje está claro: normalizar una clase de comportamientos que se asocian a la diversión más que a la drogodependencia, y además, dirigirlo a la juventud. Todo acompañado de sexo explícito, claro. Así, cuando vayan a una discoteca buscarán ávidamente lo que los protas de sus series favoritas hacen en su tiempo libre. ¡Ah! Si no tienes dinero para irte de vacaciones, hazte camello, es más fácil.

Alguno puede alegar que la película es “NRM 18″, y que no está dirigida al público adolescente, sino al público mayor de edad. Cuarta observación: tendré que preguntar cuántos años tienen las niñas que compran la Vale.

La madurez no viene determinada por un número. Estamos llegando a una sociedad no recomendada para menores de 18.

erótica musicalidad

•17.03.2009 • Dejar un comentario

image0031

El arte contemporáneo más explícito: los happenings eróticos

•22.02.2009 • Dejar un comentario

zzEn Elogio y refutación del ingenio Antonio Marina nos adelanta: “El accionismo teatral como los ¨happening eróticos¨ de Otto Mülh pretendían liberarnos de censuras y frustaciones, poniendo en franquía el impulso festivo del sexo”. Para entender mejor su significado tenemos que retroceder a uno de los movimientos artísticos más polémicos del pasado siglo: el accionismo de Viena.

Los máximos exponentes de este movimiento son el propio Mülh (o Muelh), Günter Brus y Hermann Nitsch, que a través de la performance y los happenings muestran escandalosas exploraciones de las zonas más prohibidas de la cultura occidental. El happening es una manifestación artística que surge en Viena en la década de los 60 en la que el público se hace partícipe de la obra, en este caso de escenas no aptas para estómagos sensibles, como mutilaciones de órganos genitales y otras prácticas sexuales aparentemente sangrientas (además de sacrificios animales y las cabezas de los participantes que los artistas filman mientras plasman su obra en ellas con cuerdas y pinturas).

Estos artistas del realismo extremo y explícito forzaron la máquina al máximo y llevaron el body art y la performance a límites que todavía hoy resultan impactantes y polémicos, hasta el punto de que algún que otra accionista (como Mülh y Nitsch) llegó a cumplir condena por participar en varias “acciones” de carácter abiertamente blasfemo y violento.

                   muehl_bio                            

En vez de ver (o intentar ver, no sin cierto miedo) alguna de las obras de Mülh en formato audiovisual pude leer en varios vídeos la frase : “el vídeo ha sido eliminado/censurado por inflingir las normas de uso…” así que tuve que conformarme con las secuencias en blanco y negro que se rodaron entre gente completamente desnuda (incluído el cámara) que interpretan un tipo de rol entre ellos. En mi búsqueda de una imagen que explicara mejor que las palabras qué es el accionismo de Viena encontré el escabroso pasado del austríaco Otto Mülh, que pasó seis años y medio en la cárcel por abusar de menores. Ahora tiene 78 años y una exposición en el Museo de Artes Aplicadas de Viena que representa según él la obra más agresiva de su vida. 

 

Aquí os dejo el enlace de un reportaje que se publicó en El País hace unos años sobre este polémico artista, que representó la realidad en toda su amplitud y sexualidad, dejando obsoleto el concepto de tabú y desatando la polémica en una sociedad aún adormecida.

 http://www.elpais.com/articulo/ultima/AUSTRIA/vuelta/Otto/Muehl/elpepiult/19980219elpepiult_2/Tes/

 

 

          z-mulh2                 zzz4

almodóvar

•14.02.2009 • 1 comentario

Corto de Pedro Almodóvar. Con Carmen Machi. Soez.