Un metro más

•13.12.2008 • 4 comentarios

Que no, que no necesitas otro cigarro. Que no, que no necesitas ese apetecible postre, ni esa camisa, ni esos zapatos ni ese bolso…que no, que se ha hecho tarde ya y hace frío, nisiquiera hay revisores que puedan cambiarte el billete por otro nuevo, brillante y desimantado, de esos tan nuevos que impiden que suene el estridente pitido acompañado de una luz roja que te indica que no puedes pasar, que esa puerta no va abrirse para tí. Que los guantes dejan pasar aun más frío del que hay fuera y los dedos se agarrotan a la hora de esbribir un “cómo me gustaría volver a sentirlo”.

Sólo una vez más, el frío asfixiante y la dura suavidad; las luces agudas, los sonidos brillantes y el sudor frío; las violentas caricias y el vértigo a ras del suelo…la placentera fatiga, los gritos mudos, la humedad punzante…el caótico relax y la cuerda locura de después; la intensidad.

Que no, que el cigarro se ha consumido, nada te llena ya como eso, como lo que sentías antes. Que el vagón está vacío y el viaje ha terminado. Te volviste a pasar de parada, pero el calor no se pasa.

despierta conmigo

•18.11.2008 • 8 comentarios

2008, 2009, 2010 ovejas. Así, contando lo que ya son enormes rebaños, ha transcurrido este año para mí. Nochevieja 2007: la primera última noche del año que no llegué a comerme las 12 uvas (¿de la suerte se llamaban?). Pero no, no la perdí. Aunque quizá fue porque en ese mismo momento tampoco la tenía. Febrero de 2008: 20 años al bolsillo, pero parece que aún no llegan los dos patitos (de la suerte, ¿no?).  Junio de 2008: jugué a los bolos, pero parece ser que no derribé ningún muro, y ni siquiera logré tirar un mísero bolo para poder seguir avanzando con mi bola. Continúo perdida en la búsqueda de mi persona, hasta que un día “tiro porque me toca”: en un lago apacible, una oca me miró y parece ser que caí en ella…

Desde esa gloriosa jugada, los dados siempre me sonreían, a su manera: enseñandome ese tres que tanto me gustaba y que me hacía reir, llorar, gritar. A sentir, básicamente, es a lo que me enseñaron las ovejas en estos ya casi doce meses que llevo mirándolas, imaginándolas y dejando que me acompañen en los momentos en que estoy a punto de perderme en mí misma. Ellas me mantienen en mi yo original, en mi persona, en mi Alejandría sin conquistar, en mi terreno natural, en mi planeta lunar sin hacerlo girar.

Si alguna vez te perdiste porque no te buscaste, si en algún lugar te dejaste porque no te olvidaste, si alguien te miró porque no te conoció, si algo te penetró porque no lograba salir, si algo te rozó porque no quería tocarte, si alguien susurró tu nombre porque quería olvidarte… Cuenta conmigo, porque sigues dormido…2011,2012,2013…

Hojas de margarita

•9.11.2008 • 6 comentarios

Guardé este relato hace tiempo esperando que algún día me pudiera ser de utilidad. Ha llegado su momento.

margaritas5Llovía a mares. Pero en el último bostezo del atardecer, un sol rojizo se coló entre los nubarrones y el horizonte para vestir de luces el jardín. Salí descalza, movida por el caprichoso deseo de hundir los pies en la hierba. Fue un momento especial que apenas duró un suspiro, y al abrir los ojos un brillo furtivo se me clavó en la mirada. Era una margarita. Parecía tan vulnerable que la cogí por compasión acurrucándola entre mis dedos.

En la cocina preparaba una cena con ingredientes de esperanza. El amor nos cogió a ambos de improviso, ahogando nuestras voluntades con una intensidad de uñas afiladas. Y el tiempo, siempre el tiempo, avivó en mi corazón el escozor de las dudas. Yo lo amaba, con locura. Pero, ¿y él? ¿Me amaba? ¿Podría amarme sin ser él mismo? De un día para otro, las palabras más dulces se derritieron en su boca cerrada, los besos se quedaron a medio camino y las caricias perdieron su cálido sentido. Sobre el mármol, la margarita volvió a lanzar un destello. Tal vez sus hojas me dirían la verdad. ¿Me amaba? O… ¿no me amaba?

Fui deshojando la margarita. Cuando la flor me decía que sí, en mi memoria brotaban recuerdos húmedos, los placeres tantas veces derramados sobre las sábanas revueltas. Y cuando me decía que no, se me aparecían los miedos a no ser correspondida. ¿Me amaba? O… ¿no me amaba?. Cuando la flor me decía que sí recordaba las carantoñas matutinas y los achuchones nocturnos. El roce de las lenguas, las manos trepando por mis muslos de terciopelo, por su espalda de madera. Y cuando la flor me decía que no, me embargaba la pena por las delicias marchitas, por los miembros agarrotados que olvidan la manera con la que se demuestra el querer. ¿Me amaba? O… ¿no me amaba?. La margarita dijo que no.

En la cocina preparaba una cena con ingredientes de desesperanza. Tal vez la margarita acertaba y debía atreverme a sesgar la rutina con un bisturí. Me gustan las despedidas sin sal, con el remordimientos justo para dejar abierta una gatera por donde maullar la ausencia. Tal vez la margarita se equivocaba, y me amaba. Vertí los pétalos en la ensalada. Los puse todos, tanto los que me habían dicho que sí como los que me habían dicho que no. Y esperé su llegada con el apetito ahogándose en el fondo de una copa de vino.

Nuestros labios se rozaron cautos entre las sílabas de un saludo hueco. Sentados uno frente al otro, nos separaba un desierto de arena. Nunca nadie me advirtió que el amor de desgasta al andar como se gastan las suelas de los zapatos. Ignoraba que el amor se endurece y se arruga como la piel de los codos. Le amaba, con la locura de una descreída.

- ¿Qué es esto blanco que hay en la ensalada? -preguntó.

- Hojas de margarita -respondí.

El tenedor arremetió con la fuerza de un arpón y dos pétalos perforados desaparecieron bajo la bóveda de su paladar. Lo observé masticar, ajena por completo al hechizo que producen las hojas de margarita cuando se sirven sazonadas de deseo. Los efectos fueron mágicos. Nos acoplamos como dos mitades e hicimos el amor sobre la mesa, poseídos por una pasión desbocada. Al oído me susurró palabras que no sabía que existían, y tras gozar por los cinco sentidos, nos besamos larga y plácidamente para darnos las gracias por el placer recibido.

La margarita tenía razón: él me amaba…y no me amaba.

El relato está escrito por Josep M. Hernandez Ripoll (Barcelona, 1958), periodista y escritor. Espero que lo hayáis disfrutado tanto como yo.

Placer sin oxígeno

•27.09.2008 • 7 comentarios

Tal como dice una canción…si el sexo oral ya existe, inventemos el sexo escrito; quedaos con este nombre, porque si es la primera vez que lo oís esta entrada os gustará: Mark Yasenchak.

No es un director de cine porno convencial, ya que desde los 80, lleva reiventando el concepto que tenemos de placer, y desde las profundidades nos muestra una nueva forma de ver, sentir y vivir el sexo: el porno acúatico. Las camas y las mesas son sustituídas por las burbujas que desprenden las botellas de oxígeno o por la biodiversidad marina, ya que este visionario ha llegado a rodar algunas escenas a una profundidad de 60 pies en pleno océano.

Estética, tabú y peligro son el buque insignia de Yasenchak, que tiene en Florida por estudio una piscina en la que rueda sus películas (previo pago en su web), con bombonas de oxígeno o a pulmón. Por esta razón se afirma que “el sexo acuático denota un fetichismo ligado al riesgo de asfixia,y es esto lo que a veces atrae a los fans de este género. Se considera exótico por desarrollarse en un hábitat hostil para el ser humano, y posee un halo de secretismo.” (La imagen pertenece a “Underwater Love”, de Mark Yasenchak)

Aunque las prácticas sexuales bajo el agua no estan contraindicadas los médicos advierten una reducción de la efectividad del preservativo…por lo demás, vía libre, así que espero que hayáis aprovechado el tiempo este verano.

Esto es lo que he podido encontrar en torno a este género que pueda publicar, claro que se trata de un conocido anuncio de Levi´s del que había oído hablar y en el que no aparecen escenas explícitas, pero sí sugerentes. Disfrutadlo.

 http://www.dalealplay.com/informaciondecontenido.php?con=41996

El seXo, “no tan dulce”

•26.08.2008 • 9 comentarios

Al menos es la deducción a la que ha llegado una investigación de la Universidad de Valencia. Los estudios han concluido que, al contrario de lo que se pensaba, los estímulos cerebrales que generan el sexo y los dulces son diferentes…pero, quién dice que el sexo es siempre dulce? A veces no resulta salado o amargo?

Hasta ahora, la mayor parte de los estudios sobre los mecanismos cerebrales de la gratificación habían utilizado el sabor dulce del azúcar o los edulcorantes no calóricos como referentes del estímulo placentero…pero una nueva investigación de la Universidad de Valencia demuestra que cada gratificante natural puede usar mecanismos cerebrales distintos. El estudio establece un nuevo modelo de comportamiento emocional a partir de la atracción sexual entre roedores (los pobres siempre padeciendo los adelantos o atrasos de la ciencia). Para llegar a él, los investigadores compararon este tipo de atracción con el placer que provoca el sabor dulce, y los resutados señalaron que unos y otros estímulos se rigen por mecanismos distintos.

Asi que ya podéis desechar la idea de que a falta de mimos los dulces pueden servir de sustitutivos…porque no!!!

De todas formas, como a nadie le amarga un dulce, aquí os dejo el enlace de “Aixó és la polla”, la primera pastelería erótica que se creó en Barcelona, y le echáis un vistazo al catálogo, porque no tiene desperdicio. Viéndolo te planteas ciertas investigaciones…

http://www.aixoeslapolla.com/

P.D: “Aixó és la polla” estuvo en el FICEB 2008, así que os dejo unas apetitosas fotos.